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El advenimiento del siglo XXI nos encontró en unos de los capítulos más tristes de nuestra historia.-
Durante los 90, todos los trabajadores habíamos perdido muchísimas conquistas. Algunos la pasaban peor, porque perder el trabajo significaba no volver a conseguir otro en lo inmediato.
Los trabajadores judiciales ya habíamos perdido la ley porcentual, el enganche, la antigüedad del 3% al 2%, luego al 1% y después cero. Se había precarizado tanto el trabajo que ya había ingresos como ayudantes de 1ª y de 2ª para en el sector de mantenimiento y maestranza, y auxiliares 6º en la administración, y más precarizaciones e infinidad de meritorios. El sueldo básico de los ingresantes al Poder Judicial estaba por debajo de la línea de pobreza.-
Luego de que en el año 1999 la mayoría del pueblo argentino votara a la Alianza, conformada por la fórmula ( De La Rua –“Chacho” Alvarez), que venciera la fórmula del Partido Justicialista, (Duhalde- “Palito” Ortega), muchos de nosotros sabíamos que el pueblo había votado el mal menor. Quizás por la idea del laburo que venía haciendo Chacho desde el grupo de los 8, conformando y liderando el Frente Grande, quedó claro que se voto contra algo, y no a favor de. Esto no quiere decir que con el ex gobernador nos hubiese ido mejor, sino que quiero resaltar que también los 90 nos atravesó de tal forma, que ambas propuestas, para que nos gobernaran, eran producto de esa falta de representatividad producto de la banalización de la política neoliberal noventista.-
Para peor de males en la provincia de Bs As., había ganado Ruckauf. Personaje siniestro, vinculado con lo peor del Justicialismo, y con un pasado nefasto relacionado con el gobierno de Isabelita y la última dictadura militar.-
La convertibilidad nos había hecho añicos, y luego de la primaverita contra la hiper, los viajes a Centroamérica, y el compre 2, (todas baratijas descartables), empezamos a sentir el rigor de vivir de prestado, producto del hundimiento de la industria nacional, las privatizaciones, el efecto tequila, el FMI, los fondos buitres, las AFJP, y una política de libre mercado ostentado solamente por el capitalismo mas ruin y salvaje que se haya conocido.-
A esta altura de los acontecimientos, no todos tenían la suerte de tener la estabilidad de un empleo público. Por entonces, ya teníamos, amigos y/o parientes desempleados, o sub ocupados.-
Los gordos de la CGT se habían convertido en cómplices, (ahora devenidos en empresarios), de las privatizaciones. La resistencia al modelo la dábamos desde la CTA, el MTA, y cientos de organizaciones sociales que como podíamos, resistíamos para que no nos lleven puesto del todo.-
De repente renuncia Chacho Alvarez, con fuertes denuncias de corrupción en el seno del gobierno. El establishment, le había ordenado a De La Rua que nombre al ex ministro de economía para ocupar esa cartera. El padre de la convertibilidad, venía a salvarnos de ella.-
En esos días no se preguntaba a cuanto había cerrado el dólar, sino a cuanto estaba el riesgo país. Nadie sabía de que se trataba, pero los medios lo anunciaban al mediodía y a la noche, como una especie de pronóstico del tiempo. Lo único que sabíamos era que cuanto más alto estaba, era peor para nosotros.-
Había chicos desnutridos en todo el país. En San Fernando la cosa se estaba poniendo muy fea. El merendero Mario Bornio, acogía a cientos de chicos, que se le daba la merienda. Luego fue el desayuno, el almuerzo y la cena. La AJB de San Isidro, lanzó una gran campaña para donar alimentos al merendero. Perez Guillén, (por entonces Sec. Gral de la AJB San Isidro), había entregado un cronograma por piso y fuero, sobre que alimentos donábamos, para que no se repitieran las donaciones de dichos alimentos. Recuerdo acompañar todos los meses al Juez Fernando Lorenzo, (un gran juez, y un enorme tipo), quién de su propio bolsillo llenaba dos changos del supermercado Disco con comida para los pibes. Me decía: “Huguito, cargá comida que contengan hierro y vitaminas para los niños”. Entonces los llenaba con: “Cereales, lentejas, leches larga vida fortificadas, polentas, fideos, arroz, cacao, y también galletitas”. Después lo llevábamos al gremio, sin dejar de ver a gente comiendo de la basura que sacaba Climacos.-
Desde los sectores populares veníamos diciendo que la cosa se estaba pudriendo y que el desenlace podía ser imprevisible. No éramos genios, simplemente porque algunos de nosotros caminábamos los barrios. En las Asambleas, Jorge Carrizo, decía a gritos que estaban pagando en bonos en varias provincias y que nos iba a tocar a nosotros también. Varios compañeros, decían que eso era imposible. Sin argumentos sólidos, como lo hacen también hoy, sostenían simplemente que eso jamás pasaría porque éramos el Poder Judicial, y porque estábamos en la provincia de Bs. As. Pero el tsunami nos pasó por encima.-
Y vino lo peor. Entramos en cesación de pagos. En la provincia de Bs. As., nos pagaban con patacones, y luego “Ruckucu” salió corriendo de la gobernación. Vino el corralito, el corralón y desastre a esa altura, ya era imparable.-
El Banco Provincia te pagaba con Patacones pero no podías pagar ni la tarjeta, ni Arba, ni un carajo. Como solamente el Provincia emitía y pagaba en esa moneda, solamente en sus cajeros podías cobrar. Así que de repente, empezaron a verse colas larguísimas de todos los empleados de la administración pública en los Banco Provincia. Había un cajero especial para patacones. El pago llegó a ser: 70% en patacones, y 30% en pesos.-
Al principio, nadie quería aceptarlos. Ni supermercados, ni restaurantes, ni telos, ni para comprar cigarros, nafta, ni para nada. Algún vivillo empezó a aceptarlo pero no te daban vuelto. Había jueces que los cambiaban al 80%. Es decir, llevaban 1.000 Patacones y se traían 800 pesos, de una cuevita en la capital federal. Siempre, tratándose de salvar solitos. Aún perdiendo.-
Los chinos se avivaron y cuando empezaron a aceptarlos ellos, las grandes cadenas hicieron lo mismo. En algunos lados los pasaban por la maquinita para ver si eran falsos o no. La maquina sonaba como si lo fuesen. Y si.
La falta de solidaridad de la misma clase de siempre, puteaba contra los piqueteros cuando éstos hacían un legítimo reclamo cortando las calles. Cuando les tocaron los ahorros a ellos, (creyéndose distintos y privilegiados, sin saber que para el capital extranjero, son simplemente nada), algunos esbozaban: “Piquete y cacerola la lucha es una sola”. Unos luchaban por morfar, y otros para que les devuelvan los dólares guardados. Eso sí, vi señoras que iban acompañadas de ”la muchacha”, quién era quién golpeaba esa cacerola radiante, producto de no haber sido usada para hacer un guiso ni un puchero, nunca.-
Vi muchas cosas hace apenas 10 años. Las colas para sacar el pasaporte e irse a Europa, el trueque, el suicidio de Favaloro, las Asambleas en las plazas, compañeras llorando en las asambleas de san Isidro, (multitudinarias, como jamás vistas), Cavallo renunciando, De La Rua huyendo, el estado de sitio, las balas de goma, las balas de plomo, los gases, la cana reprimiendo y asesinando, los muertos, los saqueos con mucha cana de civil por doquier, los desnutridos, la inseguridad, los presidentes nuevos todos los días, Duhalde que llegaba al gobierno que las urnas le habían negado, y el que se vayan todossssss.-
La mayoría de nosotros nunca más volvió a ser el mismo. Algunos sacaron canas, otros estaban más avejentados, otros con problemas de salud, y algunos no pudieron resistir y se fueron muriendo de a poco. Vi mucha impotencia. Vi mucha gente triste. Quizás porque yo también lo estaba, y eso es como un espejo en donde uno se puede ver fácilmente en el otro.-
La crisis económica fue quizás lo más significativo de ésa época. Pero no debemos quedarnos con eso solo. Hubo todo un proceso de crisis que se desembocó en el 19 y 20 como el principio del fin de un modelo. También hubo crisis de cuadros políticos que estuvieran a la altura de las circunstancias. Hubo crisis de representatividad, de alternativas, de comunicación, de cultura, de militancia y de lazos solidarios.-
Simplemente, escribo estas líneas como me van viniendo la mente. Seguramente he incurrido en algunas obviedades y también en algunas omisiones. Quizás mi cabeza y mi corazón lo hacen adrede como un mecanismo de autodefensa como ante todo recuerdo nocivo. Sin embargo, voy a esforzarme por acordarme siempre de esos días porque no quiero volver a vivirlos jamás.
No hay que ser muy lúcido para darse cuenta de que luego de una década estamos mucho mejor. Bajar se baja en forma estrepitosa, y subir peldaño a peldaño cuesta y mucho.
Soy muy consciente de que no estamos bebiendo ningún elixir ni viviendo en un oasis, pero estoy seguro de que ya no estamos en ese infierno tan temido.-
Para darse cuenta de ello no hay que ser oficialista. Simplemente hay que tener un poco de memoria, para no repetir los errores del pasado.-
Alcanzará con que seamos un poquito más ARGENTINOS.-
“En memoria de todos aquellos que murieron, durante esos días, simplemente por creer que un país distinto era posible”. -
HUGO DANIEL RUSSO
Sec. Gral AJB SAN ISIDRO
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